Acerca de las Irresponsabilidades y otros temas
Por Nicolás Bajuk
Es cierto que con ignorancia se gobierna mejor, se manipula y se pervierte la idea de un sistema justo, inclusivo, para todos.
Por años, el sistema democrático se nos presenta como el más viable, el que mejor da cuenta para la organización de una sociedad. Incluso, desde el país del norte, se lo vende como garante de derechos, libertad e igualdad. Desde esa idea, se intenta presentar a la escuela como el camino hacia esos beneficios que posibilita una sociedad democrática. Pero no solo la escuela, sino todos los ámbitos de educación. No obstante, sabemos que el deterioro de la escuela desde sus comienzos, en sus reformulaciones, en su postura ideológica de disciplinar y no formar hace de la escuela un lugar que en nada garantiza la posibilidad de construir una sociedad justa. Pienso cada vez que entro en una escuela en la estructura edilicia y se me viene rápidamente la imagen del sistema panóptico de Foucault, una verdadera cárcel vigía. (ver cuento “En busca de la duda” en anexo a continuación)
Mantener la gratuitidad del sistema educativo y universitario, incluso de las carreras con escasa salida laboral, además de una conquista de las luchas de docentes, estudiantes y graduados por no dejar que se privaticen y desprestigien, es también una forma de validación del sistema democrático supuestamente justo, aunque también le es útil como veremos más adelante.
La idea de mantener carreras como comunicación social, sociología, entre otras, con poca salida laboral, con casi nulo reconocimiento como disciplina productiva, útil y necesaria en un mundo cada vez más complejo en cuanto a lo social, a las relaciones sociales y su comprensión para una posible salida o solución es, de alguna manera, mostrar ese criterio amplio, justo, de oportunidades para todos por igual. Total el mercado se encargará de comprobar en la realidad la inutilidad de aquellos que no compartan esta idea de formar para el mercado, como así también la inclusión para los orgánicos del mismo.
Paulatinamente los aspirantes se irán desalentando ante la falta de un lugar, de la salida laboral, del sentirse inútil ante el sistema. Tomemos como ejemplo el ingreso en el año 1996 con 584 aspirantes y el 2008 con cerca de 200. Otro argumento fuerte es el desentendimiento de la universidad una vez que el estudiante se gradúa. La idea es clara “hasta acá llegamos” “nosotros cumplimos con darte la oportunidad de estudiar, si el mercado no te da el lugar o vos no supiste dártelo es cuestión tuya”. Ser o no ser (parte del sistema), esa es la cuestión.
¿Somos funcionales?
Nos necesitan, si señor. A simple vista no, incluso pareciera que carreras como Comunicación Social, Trabajo Social, Sociología, Ciencias Políticas, son tildadas de poca o escasa salida laboral, poco valoradas y estigmatizadas en diferentes campos laborales.
Qué empresario no ha contratado un profesor de inglés para que, además de traducir, haga los folletos, afiches, spots de la empresa, tarea para la cual “no hace falta un comunicador” ¿Será cierto? Quizás, solo que este profesional puede con esto y muchas cuestiones más con una formación adecuada para que esta tarea sea efectiva.
Lo mismo ocurre en el campo de la docencia en donde materias como Lengua, Historia y Matemáticas serían las verdaderamente importantes y el resto una forma de degradación de la parrilla de contenidos. Cuántas veces habremos escuchado la afirmación de que “Comunicación Social es el equivalente a hora libre” (y eso que ahora ya no hacen falta las armas para un golpe de estado, basta con tener el poder de los medios de comunicación para generarlo). Analicemos en profundidad.
El profesional de éste campo siempre tiene trabajo o lo consigue, lo cual no significa que ese trabajo sea digno. Y lo consigue incluso, en el caso de Comunicadores, hasta en los medios en donde la batalla o dificultad reside por conseguir un lugar en los grandes medios de comunicación (que tampoco equivale a trabajo digno).
El problema radica en que muchos de nosotros, graduados y estudiantes, no compartimos la idea de entrar a un lugar en donde las ideas y convicciones se dejan en la puerta de entrada. Es una cuestión de responsabilidad, porque entrar para mentir y perjudicar a la ciudadanía para sostener mi fuente laboral o mi sobrevivencia tiene que ver con esto. El fin no justifica los MEDIOS.
No podemos decir, lamentablemente, que los contenidos de la facultad están pensados para un estudiante crítico. La mayoría de su estructura está dirigida para formar un sujeto para este mercado del trabajo, el de los medios, pero el de los medios de des-comunicación, el de los famosos, de los ricos, empresarios, de los sospechados, de los que tienen el poder históricamente en este país y que con la ley de radiodifusión de la última dictadura, vigente, se apoderaron de espacio clave en el campo de la toma de decisiones políticas, económicas, sociales y culturales. Por eso algunos políticos ya los compran y otros empresarios (que los tienen) ni siquiera necesitan diputados y senadores corruptos, tienen la presión, los medios de comunicación y el dinero para sus negociados que pronto los dirigirán desde sus lugares como funcionarios públicos, tomemos el ejemplo de Mauricio Macri.
En este contexto, están los colegas que por necesidad o complicidad o por irresponsables entran a trabajar a los medios y reproducen la lógica perversa (de acuerdo a sus intereses que jamás van a ser los del pueblo) a través de la omisión de algunos temas que el medio no considera importante tratar. Frente a la omisión está el mercenario que acompaña la postura ideológica del medio por interés individual, lejos del interés general.
Tomemos otro ejemplo: la cantidad de colegas que trabajan en ONG u OSC y son fundamentales en sus tareas, llegando a conseguir resultados verdaderamente buenos. Sin embargo, sabemos que muchas de estas instituciones vienen a remplazar o sustituir el trabajo que debiese hacer el estado. Éste último, cómplice por omisión, pero activo en cuanto a subsidios que permiten generar un sistema de dependencia, tercerización y clientelismo político de estas instituciones.
Sigamos. El caso de la docencia no se diferencia mucho a los anteriores, cuando en los núcleos de aprendizaje prioritarios el modelo de comunicación social es vertical, hecho para un estudiante que acate la lógica de los medios, es decir; su consumo. Distinto sería una materia que apunte desde el comienzo a la comunicación como relación, como un espacio fundamental para tratar el vínculo con el otro, que mejore las relaciones sociales para luego si apuntar a un sujeto crítico, que no caiga en el consumo de contenidos berretas de los medíos de comunicación.
Conclusión
Alguna vez vamos a tener que juntarnos a debatir acerca de la responsabilidad, no solo en nuestro campo disciplinar sino también en el campo de la educación. Todavía siguen los coletazos de la dictadura, de un modelo neoliberal que hace que muchos sigan comprando la idea irresponsable de mirar para otro lado. Todavía resuena la sabia frase de Bertolt Brecht “El peor analfabeto es el analfabeto político”.
2 comentarios
Martín Elgueta -
Martín Elgueta -
La lectura del mismo me provoca la impresión de que estuvo realizado con algo de enojo y me da la impresión que ofrece un panorama de la situación de hace unos años atrás (lo cuál no significa que algunas de las conjeturas no sigan siendo válidas en el presente).
Te recorrido muestra una crítica al discurso de libre acceso a la universidad como rasgo o tópico del discurso democrático que esconde la trampa de no garantizar las condiciones para el tránsito por la carrera; también las contradicciones del modo como se configura el campo de los medios de comunicación (que me parece hoy pódríamos matizar con la nueva ley de medios), y una suerte de sensación de lugar marginal de la comunicación social en la escuela secundaria (la que aparece estructurada bajo el panóptico faulcoltiano)...
En este recorrido queda la sensación de una imposibilidad de generar otras realidades, otras prácticas, otras posibilidades... Y me deja un gusto sombrío sobre las posibilidades de un profesor...
Me parece que la realidad tienen más matices y que por más panóptico que las organizaciones propongan los espacios de libertad son también construídos entre sus mismas paredes.
Comparto contigo que es necesario -como comentamos mientras bajábamos las escaleras- no naturalizar las condiciones inadecuadas y luchar por ello.